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Fuerza a partir de los 50

Artrosis de rodilla: de los crujidos a la prótesis

Empieza con rigidez al levantarse y crujidos al bajar escaleras. No es un desgaste inevitable que solo se pueda esperar, y la distancia entre el primer síntoma y el quirófano es más larga de lo que la gente cree.

Escrito por Roger Pont Bosch · fisioterapeuta colegiado Nº 15266 · tiempo de lector: 10 minutos ·

La conversación empieza casi siempre igual: "me han dicho que tengo desgaste". Y detrás, la idea de que hay algo gastado que solo puede ir a peor y que el final es una prótesis.

Es una de las ideas que más limitan la vida de la gente y una de las que peor se sostienen con los datos.

Qué es la artrosis

No es solo desgaste del cartílago. Es un proceso que afecta a toda la articulación: cartílago, hueso subcondral, membrana sinovial, ligamentos y musculatura. Hay componente mecánico y también inflamatorio de bajo grado.

Esa visión importa porque cambia el enfoque: si fuera solo una superficie gastada, no habría nada que hacer salvo sustituirla. Como es un proceso articular completo, hay bastantes palancas sobre las que actuar.

El dato que cambia la conversación

La correlación entre el grado de artrosis en la radiografía y el dolor que siente la persona es débil. Hay radiografías muy alteradas en gente que camina sin problemas, y rodillas con cambios leves que duelen mucho.

Lo que sí correlaciona bien con el dolor y con la función es la fuerza de la musculatura que rodea la articulación, especialmente el cuádriceps. Y eso, a diferencia de la radiografía, se puede cambiar.

La radiografía describe la articulación. La fuerza describe lo que puedes hacer con ella. Solo una de las dos está en tu mano.

Los síntomas típicos

  • Rigidez matutina corta, de menos de treinta minutos, que se pasa moviéndose. Si dura mucho más, hay que pensar en otras causas.
  • Dolor mecánico: aparece con la actividad y mejora con el reposo relativo.
  • Crujidos. Muy frecuentes y por sí solos poco relevantes: crujen muchísimas rodillas sanas.
  • Dificultad en escaleras, sobre todo al bajar, y al levantarse de una silla baja.
  • Episodios de hinchazón tras actividad intensa.
  • Pérdida progresiva de rango, especialmente de la extensión completa.

Lo que sí funciona

Todas las guías clínicas coinciden en el orden, y sorprende a mucha gente:

  • 1. Ejercicio. Es el tratamiento de primera línea, por delante de cualquier fármaco o infiltración. Fuerza de cuádriceps y glúteo, más actividad aeróbica. Los efectos sobre dolor y función son comparables a los de los antiinflamatorios, sin sus efectos adversos.
  • 2. Educación. Entender que el movimiento no daña la articulación cambia el comportamiento, y el comportamiento cambia el pronóstico.
  • 3. Control del peso cuando procede. Cada kilo menos reduce varias veces esa carga en la rodilla al caminar.
  • 4. Fármacos, según indicación médica.
  • 5. Infiltraciones, en casos seleccionados.
  • 6. Cirugía, cuando lo anterior no basta.

Un punto que conviene subrayar: el ejercicio no acelera la artrosis. Es una de las creencias más extendidas y una de las más dañinas, porque lleva a dejar de moverse justo cuando el movimiento es el tratamiento.

Qué ejercicio, en concreto

  • Fuerza de cuádriceps, progresando la carga. Empezando por rangos que no duelan y ampliando.
  • Glúteo, para mejorar el reparto de carga en el apoyo.
  • Movilidad, priorizando recuperar la extensión completa.
  • Actividad aeróbica de bajo impacto: caminar, bici, natación.
  • Equilibrio y control, especialmente a partir de cierta edad.

Y una regla para dosificar: molestia de hasta 3-4 sobre 10 durante el ejercicio es aceptable si baja después y si al día siguiente no ha empeorado. Con ese criterio, casi nadie tiene que dejar de moverse.

Cuándo se plantea una prótesis

La indicación no la da la radiografía: la dan los síntomas y la limitación de vida.

  • Dolor intenso que persiste pese a un tratamiento conservador bien hecho.
  • Dolor nocturno y en reposo mantenido.
  • Limitación importante de la vida cotidiana: distancia que se puede caminar, escaleras, autonomía.
  • Pérdida de rango que condiciona la marcha.
  • Y siempre, una valoración global: edad, estado general, expectativas y qué se espera ganar.

Si llega la cirugía

Dos ideas prácticas.

La primera: la prehabilitación importa. Llegar al quirófano con más fuerza de cuádriceps y mejor rango se asocia a mejor recuperación posterior. Las semanas de espera no son tiempo muerto.

La segunda: la rehabilitación posterior es larga y decide el resultado. Recuperar extensión completa desde el principio, ganar fuerza durante meses y volver progresivamente a la actividad. Una prótesis bien puesta con una rehabilitación floja da un resultado mediocre.

Lo que conviene llevarse

Que artrosis no significa final del camino. La mayoría de las personas con artrosis de rodilla no acaban en un quirófano, y de las que lo hacen, muchas llegan bastante más tarde de lo que temían al recibir el diagnóstico.

Lo que más influye en ese recorrido es lo que se hace desde el primer año: seguir moviéndose y construir fuerza, en lugar de proteger la rodilla hasta que deje de servir.

Por qué en SOMA empezamos por la columna

En una rodilla con artrosis, lo que no se puede cambiar es el cartílago. Lo que sí se puede cambiar es cuánta carga le llega en cada paso, y esa cifra depende de toda la cadena que hay por encima.

Empezamos por la columna porque es donde se organiza esa cadena. Una pelvis que se sostiene y una cadera que aporta rango descargan la rodilla en cada apoyo, y eso se nota en la cantidad de vida que se puede hacer con la misma radiografía. No decimos que tu artrosis venga de la espalda: decimos que el eje es la palanca que sigue estando en tu mano cuando la articulación ya no puede repararse.

Preguntas frecuentes

¿El ejercicio empeora la artrosis de rodilla?

No. Es una de las creencias más extendidas y de las más dañinas: el ejercicio es el tratamiento de primera línea en todas las guías, con efectos sobre dolor y función comparables a los de los antiinflamatorios. Lo que empeora la evolución es dejar de moverse y perder fuerza en la musculatura que sostiene la articulación.

¿Por qué me duele si en la radiografía tengo poco desgaste?

Porque la relación entre el grado radiológico y el dolor es débil. Hay radiografías muy alteradas en personas sin síntomas y cambios leves que duelen mucho. Lo que sí correlaciona bien con el dolor y la función es la fuerza de la musculatura que rodea la rodilla, y eso se puede entrenar.

¿Voy a acabar con una prótesis?

La mayoría de personas con artrosis de rodilla no llegan al quirófano. La indicación no la marca la radiografía sino los síntomas y la limitación de la vida diaria, cuando persisten pese a un tratamiento conservador bien hecho. El trabajo de fuerza sostenido influye mucho en ese recorrido.

¿Qué puedo hacer para que no vaya a más?

Mantener actividad física regular, trabajar fuerza de cuádriceps y glúteo de forma progresiva, cuidar el peso cuando procede y no dejar de moverse por miedo. Esas cuatro cosas son las que mejor evidencia tienen y las que más dependen de ti.

El siguiente paso

Si te han dicho que tienes desgaste y has dejado de moverte por miedo, ese es justo el camino que conviene revertir. En la valoración medimos fuerza y planificamos desde ahí.

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Si esto te está pasando

Leer ayuda a entender lo que te pasa. Lo que decide el tratamiento es una exploración: qué tolera hoy tu cuerpo y por dónde se puede progresar.

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Este artículo es divulgativo y no sustituye una valoración profesional individualizada. Si tienes dolor, el siguiente paso es una valoración real.

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